viernes, 1 de marzo de 2013

Cinco razones para comer nueces cada día


Habilidades neuronales. Añadir nueces a una dieta sana mejora el desempeño de tareas que requieren habilidades motoras o del comportamiento en personas de edad avanzada, debido a que mejora la conexión entre neuronas gracias a su contenido en polifenoles y otros antioxidantes, tal y como probaron recientemente neurocientíficos de la Universidad de Boston (EE UU).

Corazón sano. Seguir una dieta mediterránea enriquecida con 30 gramos de frutos secos, al menos la mitad de ellos nueces, reduce en un 30 % el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y, concretamente, disminuye en un 49 % la posibilidad de sufrir un ictus o accidente vascular cerebral, tal y como se desprende de una investigación española que se acaba de publicar en The New England Journal of Medicine.

Mejor humor y menos barriga. Según un estudio reciente de la Universidad de Barcelona publicado en Journal of Proteome Research, las personas con síndrome metabólico que incorporan a su dieta nueces y almendras experimentan, en un plazo de 12 semanas, un aumento importante de los niveles de serotonina. Esta sustancia que mejora la transmisión de señales nerviosas, reduce la sensación de hambre, disminuye la concentración de sustancias relacionadas con la inflamación, combate la obesidad abdominal y la hipertensión, mejora la salud cardíaca y nos pone de buen humor.

Súper antioxidante. Por su parte, Joe Vinson y sus colegas de la Universidad de Scraton (EE UU) han demostrado que la nuez es el fruto seco con más antioxidantes, por encima de los cacahuetes, los pistachos o las almendras. Para obtener beneficios visibles para la salud, Vinson recomienda comer 7 nueces al día, una dosis suficiente para reducir el riesgo de padecer diabetes, problemas cardiovasculares y cáncer.

Contra el alzhéimer. Un estudio dado a conocer hace poco en la revista Neurochemical Researchsugería que el extracto de nueces (el fruto seco una vez eliminada su fibra) tiene efectos protectores contra el estrés oxidativo y la muerte celular que se producen en el cerebro de los enfermos de alzhéimer. Y todo gracias a su contenido en ácido alfa-linolénico (ALA), un ácido grasos omega-3 de origen vegetal.


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